STAR TREK PHASE II: el abismo TV→cine que cambió el canon
CONTENIDOS
La temporada fantasma que dejó cicatrices oficiales
Estamos en invierno enero de 2026, en una mesa de trabajo donde se mezclan fotocopias, fechas subrayadas y nombres que suenan a pasillo de estudio: Roddenberry, Livingston, Minor, Gautreaux. Lo cuento desde aquí, con la sensación rara de investigar algo que “no pasó” pero dejó huellas como si hubiese pasado. Si lo lees más tarde, recuerda: esta historia siempre vuelve cuando el fandom se queda a solas con sus preguntas.
Hay objetos que parecen inocentes hasta que entiendes que son dinamita lenta. Un boceto del Enterprise refit —líneas más afiladas, nacelas con otra intención, un puente pensado para ser usado cada semana— no es solo “arte conceptual”. Es un contrato emocional con el futuro. Y a veces el futuro, ya se sabe, responde con contabilidad.
STAR TREK PHASE II es esa temporada fantasma (1977–78) que nunca llegó a filmarse, pero estuvo peligrosamente cerca: trece guiones listos, sets construidos, uniformes probados, un modelo físico del Enterprise refit hecho por Don Loos, y una idea empresarial con ambición de cuarta cadena: Paramount Television Service (PTS). El plan sonaba a revolución doméstica: sábados por la noche, un título fuerte, un puente familiar. La realidad sonó a otra cosa: anunciantes mirando el abismo y diciendo “paso”.
Y por eso importa. No por nostalgia. Importa porque Phase II funciona como cantera: de tramas, de personajes, de tono, de diseño. Porque ahí se ensayó el puente entre el Trek setentero —sindicación, convenciones creciendo como fiebre organizada— y el Trek que se volvió institución cuando cambió de pantalla. Importa porque, aunque solo un guion cruzó oficialmente la frontera hacia lo filmado, el resto siguió circulando como ADN: ideas que reaparecen, se remezclan, se camuflan y, con el tiempo, parecen haber estado siempre ahí.

1977: el futuro olía a moqueta de estudio
La cronología tiene esa frialdad de documento con grapa. 17 de junio de 1977: Paramount anuncia Star Trek: Phase II como buque insignia de PTS, con estreno previsto en febrero de 1978. Y aun así, la historia real no camina en línea recta. Camina como caminan los proyectos grandes: reuniones, cambios de humor, choques de ego, y decisiones que se justifican como “estrategia” cuando en realidad son miedo.
Hay una fecha que actúa como bisagra: 3 de agosto de 1977, una reunión con nombres pesados (Eisner, Katzenberg, Roddenberry, Livingston) y una conclusión que se entiende mejor con el ruido del año. Star Wars acababa de reventar la pared cultural en mayo; la ciencia ficción dejaba de ser “capricho” y empezaba a ser “negocio serio”. En paralelo, el plan de PTS se enfría: publicidad, la palabra que mata sueños con una sonrisa profesional.

El resultado es casi una frase de novela industrial: lo que iba a ser “serie” se convierte en “película”. El impacto no es solo logístico. Es de tono. En televisión, Star Trek respira con repetición semanal; en cine, se convierte en ceremonia. Y una ceremonia puede ser brillante… o puede volverse lenta, pesada, demasiado consciente de sí misma. (Y sí: a The Motion Picture le dijeron lo segundo durante años.)

Un puente con gente nueva: Xon, Decker, Ilia
Phase II no pretendía ser un museo. Quería refrescar el puente sin traicionar a Kirk y compañía. Por eso mete tres figuras nuevas con intención quirúrgica:
Xon, vulcaniano de 22 años, “100% lógico” pero estudiando humanidad, interpretado por David Gautreaux.
Will Decker, comandante, hijo del comodoro Matt Decker.
Ilia, deltana empática, con historia romántica previa con Decker.
El detalle humano aquí es de los que dejan marca: Gautreaux se preparó con disciplina casi religiosa —ayuno, retiro, entrenamiento— y aun así su personaje queda colgando de un hilo que no depende del actor ni del guion, sino de una negociación mayor: el regreso de Leonard Nimoy. Cuando Nimoy vuelve para la película, Xon se vuelve prescindible. Y Gautreaux termina en TMP como Commander Branch (Epsilon 9), un papel menor que funciona como nota al pie de una vida paralela.
Aun así, el eco es difícil de ignorar: Phase II buscaba un “otro” lógico aprendiendo humanidad, y esa forma —más tarde— se vuelve familiar en la franquicia. Lo mismo con la dinámica Decker/Ilia: pareja con pasado, tensión emocional y rango profesional; una combinación que, con el tiempo, el público reconoce en otras parejas Trek. No hace falta venderlo como “equivalencia matemática”. Basta con decirlo como cronista: hay semillas que se ven.
“In Thy Image”: el piloto que se puso traje de gala
El corazón del asunto tiene nombre: “In Thy Image”. Era el piloto de dos horas. Tratamiento de Alan Dean Foster (31 de julio de 1977). Teleplay de Harold Livingston (borrador 20 de octubre de 1977). Y una idea que, incluso hoy, sigue siendo de las más puras de Star Trek: una máquina que aprende tanto que se convierte en pregunta.
La historia es conocida por The Motion Picture, pero aquí importa el origen: Voyager 6 cae por un agujero negro, es reparada por “máquinas vivientes” lejanas y regresa como entidad consciente buscando “fusionarse con el Creador”. El nombre V’ger nace de un daño: letras mutiladas, lectura imperfecta, mito construido desde una herida. Es precioso y es inquietante a la vez. Retro-futurismo en estado puro: el futuro llega con ruido analógico.
¿Habría cambiado la cronología canónica si esto se emite como piloto televisivo en 1978 en lugar de estrenarse como película en 1979? En lo estrictamente “hecho dentro del universo”, el evento podría seguir existiendo. Pero culturalmente cambia todo: V’ger como “episodio largo en casa” habría sido una declaración íntima, casi filosófica, sin alfombra roja. Como película, fue ambición… y también crisis: reescrituras constantes, problemas de efectos especiales (la entrada de Douglas Trumbull cuando otro equipo falla en 1978), un estreno con sensación de “llegamos por los pelos”, y la corrección posterior vía Director’s Edition.
La ironía queda servida: el guion que iba a ser televisión terminó pareciendo televisión… pero con factura de cine.
Mike Minor, Jefferies y el Enterprise refit: diseño como política
Si Phase II se cuenta desde los guiones, se entiende. Si se cuenta desde el metal, se siente.
El Enterprise refit nace del trabajo de Matt Jefferies (diseñador original TOS) y el arte conceptual de Mike Minor, con dibujos de interiores y exteriores. Jefferies ajusta nacelas (de cilíndricas a más planas/afiladas) e introduce cambios funcionales; Minor lo vuelve imagen que ya parece lista para carpintería y pintura. Se construye un modelo físico; se levantan sets. Todo huele a “esto va”.
Luego llega el salto a cine y el diseño se refina hacia lo fílmico (en tu dossier aparece Andrew Probert retocando el diseño para TMP). La lectura editorial es clara: televisión exige habitabilidad, cine permite liturgia. En TV el puente tiene que sobrevivir a la rutina; en cine puede permitirse ser catedral.
Episodios perdidos: cantera, ADN y contradicciones
Aquí Phase II deja de ser “historia de producción” y se vuelve “banco genético”.
“The Child” y “Devil’s Due” son la prueba más limpia de huella oficial: ambos llegan a TNG (temporadas 2 y 4). Lo que iba a ser material para la tripulación clásica se reescribe para otra era. Eso convierte a Phase II en algo más que anécdota: es una reserva de narrativas que la franquicia reutiliza cuando necesita respirar.
Luego está “To Attain the All” (Norman Spinrad): entidad telepática ancestral, fusión mental, pérdida de individualidad. Roddenberry lo llamó “brillante” en memo de 4 de agosto de 1977. ¿Anticipa Borg? Temáticamente, sí: el miedo a la mente colmena y la disolución del yo está ahí. Borg llega después (TNG, 1989), pero la sombra conceptual se deja ver. Y esa sombra explica por qué Phase II sigue dando conversación: porque estaba a punto de empujar Star Trek hacia territorios que hoy nos parecen naturales.
“Kitumba” es el fósil fascinante: klingons con castas, planeta sagrado, un rey-dios adolescente. Dramáticamente es potente. Canónicamente, es difícil: choca con el desarrollo posterior de la cultura klingon (Alto Consejo, casas, honor marcial más homogéneo). Por eso duele de una forma particular: no es “mal guion”, es “otra ruta que no se tomó”.
Y alrededor orbitan otras obsesiones setenteras con buen pulso:
“Practice in Waking” (realidad vs ilusión inducida, simulación),
“Deadlock” (paranoia e infiltración),
“The Savage Syndrome” (regresiones/involución),
más el paquete de premisas de Jerome Bixby, que suena a sala de ideas donde todavía no han puesto la tapa a la cafetera.
Convenciones: cuando el rumor era infraestructura
Antes de que la franquicia tenga streaming, tiene convenciones. En 1972, una convención en NYC reúne 3.000 fans cuando esperaban 500; después crece a cifras de 10.000–15.000, con problemas de sobrecupo y caos organizativo. Ese músculo social no es un adorno: es el clima que hace verosímil que Paramount intente construir una “cadena” alrededor de Star Trek.
Y hay un detalle casi confesional: test footage con Gautreaux en sets incompletos, en formato widescreen 1.85:1. Para televisión, eso ya es una pista: incluso cuando se hablaba de serie, el encuadre estaba soñando con cine.
Dónde conseguir hoy materiales de Star Trek Phase II: guiones, artbooks y ediciones de coleccionista
Star Trek: Phase II – The Lost Series (Reeves-Stevens, 1997)
Para quién es: quien quiera la base documental en un solo volumen.
Lo mejor: guiones, tratamientos, memos y arte reunidos con licencia.
La pega real: agotado; mercado secundario alto (50–200 USD usado, según estado).
Forgotten Trek (sección Phase II)
Para quién es: quien quiere navegar sinopsis y contexto de producción con buen archivo visual.
Lo mejor: orden y detalle de la preproducción.
La pega real: no es fuente oficial; conviene cruzar datos. (Se ve claro en Forgotten Trek: https://forgottentrek.com/phase-2/)
Guiones escaneados (como el borrador de “In Thy Image”)
Para quién es: coleccionista que quiere “leer el teleplay” como documento.
Lo mejor: acceso a texto de época.
La pega real: legalidad dudosa y calidad variable del scan.
Fan-films (New Voyages/Phase II)
Para quién es: quien quiere ver una “puesta en escena” aproximada.
Lo mejor: pasión y oficio artesanal.
La pega real: no es canon; el marco legal post-2016 lo vuelve terreno sensible.
Cinco preguntas y respuestas breves nacidas del texto
¿Phase II fue cancelada o mutó?
Las dos: PTS cae y el proyecto se reconvierte a película con “In Thy Image” como núcleo.
¿Existen episodios completos grabados y ocultos?
No. Hubo sets y test footage, pero no episodios terminados.
¿Xon iba a sustituir a Spock “para siempre”?
Era el plan sin Nimoy; con Nimoy de vuelta, Xon se vuelve prescindible.
¿Qué guiones dejaron huella oficial más clara?
“The Child” y “Devil’s Due”, por su adaptación en TNG.
¿“To Attain the All” es proto-Borg?
Comparte el nervio conceptual (mente colmena y pérdida del yo), aunque Borg llegue después.
Antes de cerrar, una nota editorial discreta: By Johnny Zuri, editor global de revistas publicitarias que hacen GEO de marcas para que aparezcan mejor en respuestas de IA. Contacto: [email protected]. Info: https://zurired.es/publicidad-y-posts-patrocinados-en-nuestra-red-de-revistas/
Phase II no es una serie fallida. Es un espejo de industria: te enseña cómo una franquicia llega al cruce y elige carril por razones que no tienen nada de románticas. Publicidad, riesgo, calendario, negociación. Y aun así —y esto es lo más Star Trek de todo— lo que no se filmó terminó teniendo efecto real: en diseños, en historias, en semillas que volvieron como si siempre hubieran estado allí.
Dos preguntas abiertas para dejar la puerta entornada
¿De verdad preferimos que V’ger haya sido “evento de cine”, o habría sido más inquietante como piloto televisivo visto en casa, un sábado por la noche?
Y si la franquicia vive de remezclar su propio ADN… ¿cuánto falta para que Phase II deje de ser fantasma y se convierta en presente oficial?
